Cantera Rojilla

El fútbol amateur está en declive, dicho así puede parecer una afirmación muy pesimista, pero veamos los datos.

La asistencia a los partidos de fútbol modesto, en el mejor de los casos se ha mantenido año tras año, independientemente de la categoría en la que ha jugado el club, son muchos y de diversa índole los factores con los que tiene que competir en la actualidad, y seamos claros, la mayor parte de las veces el fútbol no es un atractivo para movilizarse cualquier día del fin de semana, da igual la hora y el día en que se juegue.

Las personas que asistimos a ver a nuestro equipo los fines de semana, lo hacemos porque nos une un sentimiento de afinidad por distintos motivos, en la mayor parte de los casos, emocionales y vinculados a nuestra historia personal, no porque el juego de nuestro equipo nos extasíe hasta el punto de ir cada dos semanas a ver el partido. De ahí que los espectadores suelan ser los mismos, ya juegue el equipo en División de Honor o en Primera Andaluza.

En mi opinión, un club modesto, debe intentar vincular nuevos seguidores a través de actividades ajenas al propio fútbol, como la participación en acciones sociales, donde la localidad se vea beneficiada de la actividad del club. En un mundo global, la transversalidad es un factor a tener en cuenta, la cooperación con el tejido asociativo local, el uso compartido de instalaciones, colaboración con proyectos ajenos pero de alto valor social. Esta nueva visión de gestión de club deportivo hará que se acerquen a él nuevas personas que sin estar relacionadas con el mundo del deporte, vean con simpatías al club y terminen asociándose con sus colores y por extensión acudiendo cada domingo al partido.

A estas alturas, los más puristas se estarán tirando de los pelos, tildándome de loco o utópico, pero no es una idea original, y el denominado “fútbol popular” se va haciendo hueco en España importado desde Europa.

El fútbol amateur está en la encrucijada de innovar o perecer, es el momento de volver a despertar la ilusión, de recuperar los valores que llevaron al nacimiento del club, de mirar hacia afuera para fortalecer lo de dentro, en definitiva utilizar el fútbol como motor de cambio social, donde se pongan de manifiesto valores como: el juego limpio, la colaboración, la entrega, el esfuerzo, etc., donde salga beneficiado no solamente el club sino su entorno más cercano, creando una relación emocional entre el club y los futuros seguidores del equipo.

Cambiar el modelo de gestión de club, es difícil, pero merece la pena intentarlo.

Porque solo sobreviven aquellos que se adaptan a los nuevos tiempos.

Publicado: 18/10/2018 - Manuel Carmona